23 nov 2011

Atrás, atrás, atrás.

Las palabras 'escribir' y 'descarga catártica' fueron sinónimos... en mi antiguo entender. Nada que me ocurriera se negaba a ser pasado por escrito, tanto en hojas de cuadernos baratos y tristes que suelen albergar resúmenes de materias insufribles -las cuales sólo tienen el propósito de fatigar ya con su mísera existencia-, como en mi viejo conocido, y actualmente reemplazado, Word 2003, que en épocas anteriores se ¿desconfiguró? despidiéndose en la lejanía, con todas mis letras en su precaria maleta. 
Mis blogs nacieron, en un principio, sólo por la egoísta razón de subrayarle mi insoportable presencia a un(os) cadáver(es) mal enterrado(s), aunque en tal punto no estaba dándome cuenta de que guardar muertos en el ropero nunca fue la solución, e intentar revivirlos tampoco. Dio lo mismo mi inútil esfuerzo, en realidad solamente los estaba invocando y convirtiéndolos en un estorbo innecesario para mí. 
Con el inevitable transcurso de mi eterno adversario, estas páginas se fueron transformando, mediante un proceso lento, agonizante y gradual, en un paradero de sentimientos y recuerdos unidos no tan arbitrariamente, en opiniones que a nadie les interesa saber excepto a mí (pero que me recapitulan y me abofetean de vez en cuando, haciéndome saber en dónde me sitúo dentro de aquello a lo que el ingenuo rebaño denomina realidad y qué tan lamentables son mis condiciones en la misma) y en un pseudo-recordatorio de las emociones fantasmales que rondaron por mi cuerpo en ciertos momentos.  Mi consuelo fue siempre saber que siempre puede ser peor, pero esta vez el ojo del huracán se dispone a observar otros paraderos. 
Todo zombie de mi cementerio se desenterró de su tumba, y puede que aún anden vagando y buscando dónde comer. Pero ¿qué hago con vos? ¿Qué puedo hacer con vos, si no tengo ni una sola memoria episódica para intentar olvidar? ¿Cómo puedo acaso superar algo que jamás pasó? Ojalá pudiese desahogarme, pero nada me ayuda. No tengo con qué, no tengo carga alguna asociada a vos. 
Ni siquiera tengo tus euros, regalé tu remera, tus pastillas NO me están ayudando a dormir y estoy dispuesta a dejar de cruzarte (cómo si eso modificara en algo el curso de tu vida). Y ya está, ya es como si vos no hubieses vivido en sincronía conmigo. Me es imposible asesinarte.