No sé si el problema sea exactamente la impulsividad.
Quizás sí lo sea mi tendencia a dar las cosas por sentado cuando no hay certeza que las avale.
Desaparecí creyendo que mi ausencia iba a hacer de lo suyo.
(Mi primer error)
Tal vez no te di tiempo a que me extrañes.
No, sí te lo di. Te lo di.
Vos no me extrañaste.
¿Por qué lo harías?
No me necesitás en tu vida.
Yo pensé que sí.
(Mi segundo error)
Reaparecí con el caballo cansado, con la cola entre las patas, mojada y rengueando.
(Mi tercer y catastrófico error)
De tu lado no hubo alegría ni hostilidad. A lo sumo sorpresa. Pero después te dio igual.
Yo te doy igual.
El titulo de la anterior entrada explicita que yo no tenía intención de dedicarte una cuarta.
Por lo visto, no solo me equivoco sino que encima también me miento.
Y estoy escribiendo esto...
Porque estoy tan enredada que no me puedo dormir. Porque me dejaste la puerta entreabierta y estoy desesperando. Porque sé que si indago, me va a doler la verdad. Porque sé que si lo pido, voy a tener un espacio en tu vida, pero nunca es bueno andar mendigando amor. Porque sé que no me querés aunque lo niegues, y aunque en el fondo yo tampoco lo quiera aceptar.
Me rompe el alma pensar
que si yo NO volvía, vos jamás me hubieses vuelto a buscar.
Y con todo esto en mi cabeza solo puedo seguir dándome cuenta de lo mismo:
estoy enamorada de vos.
Y ahora no me queda otra que guardarme los sentimientos para mí sola.
A vos qué mierda te va a importar!