Podrías someterme a la más cruel de tus interdicciones.
Podrías cortarme a tijeretazos cada uno de mis credos.
Sentarte a cagar encima de mi zafra, secarte la cara con mi congoja.
Podrias devastarme con el simple y bochornoso silencio.
Podrías atravesarme el estómago con no más de diez fonemas.
Podrías herirme con profundidad y sin ninguna razón en concreto.
Podrías, más bien, querrías.
También podrías esperar sesenta solsticios más,
si tenés la vaga certidumbre de que yo voy a ceder.
Dejame expresarme con más comodidad...
Nunca va a pasar. No lo voy a hacer.