Así es cómo funciona mi hilo conductor de ideas (como si interesara):
Otro nuevo calendario. Un viaje que no se hizo. Un mensaje que hace más de 4 meses que no llegó. Un boleto de colectivo comprado y no usado. 22 monedas de un peso perdidas. Un furtivo encuentro que se canceló. Mucho sudor y pocos rayos. Rayos y quemaduras. Quemaduras que dejan marcas. Marcas que aumentan aún más la decepción. Cosas que no deberían ser dichas. Minutos suicidas. Porquerías por la radio. Días que se transforman en semanas que se transforman en meses... Y así. Y yo sigo con falta de sol. Y falta de estudio. Y falta de inteligencia. Y falta de ganas, de motivación. Así que ahora me voy a quedar mirando cómo transcurren las horas, pesadas, lentas, desganadas. Me voy a quedar mirando el reloj. O tal vez una película, quizás un video. Tal vez llame a alguien. Mejor no. Fotos de él y de ella. Juntos los dos. Sonrisas, timidez, calidez, abrazos. Todo lo que yo también necesitaría. Un par de puñetes obsequiados, insultos como retribución. Risas, cotorreo, indignación, mentiras, crudas verdades. Libros releídos. Libros no leídos. Angustia oral. Acontecimientos desafortunados, sincronizados, macabros: Complot. Muchas adulaciones innecesarias, muchas insinuaciones desagradables. Distanciamiento y rechazo. Muchos hombres que no son de mi agrado; comparado con el que se marchó. ¿Se marchó? Sí, mejor pensarlo así. Canciones que recuerdan cosas. Cosas que no merecen ser pensadas. Pensamientos imprudentes. Repentina frustración. Amor. Lo que quedó de él. Amargura. Depresión. Mucha depresión. Tardes de sueño, noches de vigilia. Besos que nunca se dieron. Promesas rotas. Rotas. Mi indiferencia espantó. Lo que hago. Lo que debería hacer. Lo que tendría que ser. Lo que no soy. Vacaciones para todos, excepto para mí. Infierno personal, Rosario es mi prisión. ¿Cuál es mi peor tortura? Llega febrero insulso de la mano de la soledad, pero con gente alrededor. Haciendo cosas para matar el tiempo. Una lágrima, dos lágrimas, infinitas lágrimas se derramaron. Incontables suspiros. De un momento a otro la voz se me quebró.