Me alegra ver que la gente se quiera y que se jure amor. Me encanta que las mujeres se embaracen, que las parejas se comprometan, que las relaciones duren, que los enamorados se elijan todos los días. Yo no quiero tener resentimientos ante la vida. Me gusta la sonrisa de las personas enamoradas, me gustan los actos de locura en nombre del sentimiento, me gustan las pasiones intensas, los besos que desbordan emoción, las lágrimas de felicidad. Me gustan los gestos amables, las caricias inesperadas, los abrazos. Yo no quiero estar mal todo el tiempo. Me llena que existan las pasiones profundas, incluso esas que aún no floreciendo en la "realidad", inspiran a los artistas; sé que las obras de arte que más llegan a nuestro ser son las que nacen del corazón. Soy una adoradora de la perspectiva rosa, quizás hasta de los ramos de flores, las llamadas de madrugada y la humillación que uno pasa por estar enganchado. Y quizás me guste tanto ese mundo fantástico porque yo no pertenezco a él, siento que nunca lo hice. Miiro a dos de la mano y pienso que algún día también a mí me va a tocar, pero me estoy mintiendo. No encajo en esa tierra de ensoñación. Los unicos momentos románticos que hoy me harían soltar una lágrima los producen las películas que pasan por televisión o los libros. De ahí consumo cursilería pura, y estoy relativamente bien. Mi fin de semana está completo si puedo tomarme una taza grande de café y leer muchos capítulos de libros de corrido sin ninguna interrupción. Estoy feliz cuando hace frío y llueve y yo estoy en mi cama cubierta de frazadas. Estoy feliz cuando me baño y el agua me quema, cuando mi gato se acuesta cerca mío, cuando escucho música a todo lo que da. En esos momentos no importa todo los demás, no importan mis somatizaciones, no importa que no me quieras... Pero está bien, vos bien me dijiste que soy lo suficientemente grande como para poder afrontar la verdad. Nunca nadie me va a querer a mí como se quiere el resto de la gente.