Es una situación que se asemeja al cansancio de intentar resolver una ecuación en el que tus cálculos siempre terminan siendo incorrectos. Seguís pestañeando los ojos, pero la solución aún continúa inaccesible. Es lo que pasa cuando el resultado de haber dado todo fue ni más ni menos que recibir nada. Es el hecho de haberse esperanzado en algo que, en el fondo bien sabés, no va a pasar nunca. Y lo asumís, lo aceptas, lo podés procesar en tu mente incluso. Te tomás tu tiempo para elaborar la idea, organizarla y reafirmarla cada vez que te acordás de él. Pero entonces... ¿Porqué actuás como una estúpida cuando lo ves 'accidentalmente'? ¿Porque lo buscás? ¿Qué buscas, si entendés que no hay nada para vos ahí? ¿Qué es lo que te hace pensar que las cosas van a cambiar? Y te quedás callada, porque sabés que no vas a poder pronunciar una respuesta aceptable ante esa pregunta.
Vos no sos mercadería barata, no sos un regalo de yapa ni estás en oferta. Recordá todas esas las noches en las que no dormiste, todo ese tiempo malgastado esperando que te hablara, te llamara, te mandara un mensaje, una señal de humo, algo que te confirmara que todavía seguía vivo. Acordate de todos los momentos en los que te hizo sufrir y sentir que no valías nada... Ahora preguntate si todo eso que pasaste tiene tan poco valor para vos que vas a hacer de cuenta que nunca lo viviste, solamente porque él, JUSTO HOY, SE ACORDÓ DE QUE EXISTÍS.